En su conferencia sobre “Las universidades como aparato ideológico en Chile: masificación, segmentación e ideales del trabajo intelectual”, destacó que la segmentación de la educación superior conduce a la reproducción ideológica de las profesiones.

“Las universidades en Chile, y esto es algo que nos diferencia de los países desarrollados, están divididas socialmente. Es decir, aquí hay universidades para ricos, para la clase media y para pobres”, señaló el sociólogo Nicolas Fleet, al referirse a la conferencia sobre el tema “Las universidades como aparato ideológico en Chile: masificación, segmentación e ideales del trabajo intelectual”, que ofreció el lunes 3 (junio) en la sala de eventos de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas, Facsojur, de la Universidad Tarapacá, en el campus Saucache.

Conferencia Nicolas Fleet Facsojur Nicolas Fleet, cursa actualmente un doctorado en sociología en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, donde parte de su investigación es sobre el sistema de educación superior en Chile, que dice es que muy particular: “En otros países siempre hay cierta división social de la educación superior, pero la división tiene que ver con la elección de carreras, por ejemplo, quienes estudian carreras técnicas y quienes carreras universitarias. O bien, las áreas de conocimiento que se eligen, pues dependiendo de los países hay disciplinas que tienden a ser elegidas por la elite, como las humanidades, y otras por las clases emergentes para acceder a movilidad social, como la tecnología. Pero el caso de Chile es diferente, porque una misma carrera y en una misma área del conocimiento puede ofrecer total reconocimiento profesional y éxito ocupacional cuando se adquiere en una universidad de elite mientras que si se obtiene en una universidad masiva está muy lejos de esos resultados. En Chile son las universidades las que refuerzan la segmentación social y la transforman en división del trabajo intelectual, y eso yo creo convierte a la educación superior de nuestro país en un caso muy especial.”

En su conferencia sobre el papel que tiene el sistema de universidades en Chile para formar el trabajo intelectual dijo que éste no puede ser sólo técnico, en el sentido que no solamente produce un conocimiento que se aplica en determinadas circunstancias, sino que hay un conjunto de valores que cada profesión tiene. “Los estudiantes son personas que se van a desempeñar como profesionales fundamentalmente en trabajo de organizaciones, donde los valores, además del conocimiento técnico, son fundamentales,” dijo, junto con precisar que, por ejemplo, “un economista tiene su manera de ver las cosas, igual un sociólogo, un antropólogo, un historiador. Y esa particularidad de cada profesión se combina con el trabajo que tienen que hacer en las organizaciones respectivas”.

Marca de lo ideológico 

En ese contexto, donde el trabajo intelectual no es solamente técnico sino que moviliza valores, la segmentación social de las universidades, dijo en la conferencia, se vuelve ideológica:  “Entonces, lo que yo llamo, ideológico, es que las universidades producen una división del trabajo que aparentemente es sólo técnica, pero en verdad lo que está enmascarando es una división de la sociedad”.

Según su investigación, que ilustró la segmentación de las universidades con cuadros comparativos, cifras, gráficos e imágenes fotográficas, las universidades de elite reproducen el trabajo intelectual sobre la base de estatus profesional completo, lo que se ve en las expectativas de empleo y salario. Las universidades masivas, en cambio, tienden a producir ‘semi-profesiones’, que no acceden al mismo reconocimiento ni tipos de trabajo. “Como estudiantes de diferente proveniencia social no se encuentran en las mismas universidades, pues están segmentadas, y como profesionales, probablemente tampoco se encuentran y si lo hacen es una mandando a la otra; entonces, eso es lo que yo en primer lugar llamo ideológico,” afirmó.

Como ejemplo de lo anterior, presentó cifras reveladoras: las universidades de elite tienen, en promedio, 29 alumnos por profesor jornada completa, mientras las Ues masivas tienen 96 estudiantes por profesor fulltime. Y si el profesor tiene grado de doctor, en las de elite hay 65 estudiantes por doctor, mientras en las masivas son 1441 estudiantes por doctor, “lo cual hace que finalmente la calidad de la educación que reciben tenga diferencias radicales, y eso definitivamente no es aceptable”.

Como segundo aspecto de lo ideológico, manifestó que en Chile hay distintos tipos de universidades con distintos tipos de orientaciones y eso es lo que de alguna manera se plantea como la diversidad del sistema educativo chileno. “Hay universidades que son religiosas, laicas, otras que son con sentido público, otras con sentido privado, otras que son más conservadoras y otras más progresistas, unas con sentido más social, otras empresarial, las hay de derecha y otras de izquierda. Pero de todo este pluralismo, el problema es que no son los estudiantes los que lo viven, es un pluralismo abstracto, un pluralismo que nuevamente es ideológico, porque es del sistema, no es de las personas. Entonces un estudiante que por su condición social va a un tipo de universidad, al mismo tiempo tiene un repertorio específico de universidades con determinada misión o proyecto a la que puede acceder, y eso es segregación ideológica”.

Límites de la movilidad social 

¿Pero eso va en contra de la movilidad social?

-Desde luego, eso atenta contra la movilidad social. Se espera que la universidad  promueva movilidad social, pero lo que básicamente promueve es reproducción de la sociedad. Y de alguna forma yo creo que esa ha sido parte de la crisis que el movimiento estudiantil ha dado cuenta. La promesa de movilidad social del sistema universitario se ha visto en ciertos aspectos, no en todos, sobre todo en la parte más masiva, se ha visto defraudada. Y es la parte más masiva del sistema donde los estudiantes van justamente con la idea de que a través de la educación se consigue movilidad social.  En la educación de elite no está esa idea. Va y aprende lo que le parece que es interesante, y lo que se educa, generalmente, es la idea de que hay un sentido de liderazgo que se tiene que ejercer a partir del conocimiento. A través de las universidades en Chile se produce una distribución desigual de las oportunidades de ejercer liderazgo intelectual, y por lo tanto de tener influencia e impacto ideológico, a través del trabajo profesional.

A su juicio en el caso chileno estamos recién comenzando a ver las consecuencias, recién se está tomando conciencia de cómo la segregación social e ideológica del sistema afecta finalmente la movilidad social y la integración de la sociedad.

“Creo que recién estamos tomando en cuenta eso, gracias al movimiento estudiantil.

El asunto es que en Chile las universidades, una buena parte de ellas, están divididas, no son pluralistas, reciben un tipo homogéneo de estudiantes, y en ese sentido no cumplen con un estándar que debe tener una universidad, que es el pluralismo, donde una misma institución está integrada por distintos grupos sociales, distintas perspectivas culturales y se desarrollan de esa forma.”

Explica además que hay un grupo de universidades, donde caben las universidades públicas regionales y la Universidad de Tarapacá entre ellas, y también algunas universidades privadas nuevas, que él llama  de “selectividad intermedia”, porque logran captar estudiantes de una forma más variada, que son esos espacios donde existe más pluralismo en Chile, pero en los extremos, hacia la elite y en el sector masivo, son  estudiantes bastante homogéneos los que van a esas universidades, y eso para los estudiantes restringe sus opciones.

Efectos del movimiento estudiantil 

Por todo ello, califica el sistema de las universidades en Chile como relativamente insostenible. “Sinceramente creo que, sobre todo a partir de esta experiencia del movimiento estudiantil, el sistema es relativamente insostenible, y las propias universidades se están dando cuenta, se están tratando de esforzar en hacer por un lado, más variado el reclutamiento de sus estudiantes, y por otro lado, aquellas que tienen una perspectiva más cerrada en lo ideológico, tratar de abrirla. Ese es resultado de las exigencias que el movimiento estudiantil ha hecho al sistema universitario”.

Y recordó lo planteado en la conferencia en la Facsojur, que el impacto ha sido en tres dimensiones:

“La primera, es que la segmentación del sistema ya no se justifica. Antes se planteaba que se justificaba porque en realidad lo importante era que haya cobertura, porque eso va a llevar al desarrollo del país. Pero eso, se está probando que para los sectores más bajos no son así. Entonces eso ya no es satisfactorio. No es suficiente.

-En segundo lugar, que las universidades que estén ideológicamente segmentadas, es decir, que no sean pluralistas, tampoco es un estándar satisfactorio de funcionamiento. Es importante que las universidades empiecen a recuperar un principio universalista de funcionamiento, que tengan distintas clases sociales, distintas perspectivas culturales y que puedan construir conocimiento de esa forma.

-Y en tercer lugar, yo creo que el movimiento estudiantil ha establecido la idea de que las profesiones, el conocimiento profesional, no se justifica solamente por el retorno económico. Ya no sólo vale la pena estudiar porque uno va a ganar más plata cuando salga a trabajar, también hay un rol que el conocimiento y las profesiones cumplen en la sociedad, un rol que es público, es social, que es satisfacer el interés general, de aporte a mejorar la sociedad, de progreso, transformar la sociedad”.

Finalmente como conclusión, manifiesta que “el punto es, que esa reflexión se debe hacer desde las universidades sobre una base plural. Creo que el sistema debiera tender a eso. Creo que estamos en un punto de inflexión del sistema de educación superior en Chile, donde los estándares con los cuales operamos por alrededor de 30 años, y se consideraban adecuados, repentinamente, en un lapso de dos años nos hemos dado cuenta que son sumamente insatisfactorios”.

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