Recibió muchas flores y gran cantidad de abrazos, junto con participar de una larga sesión de selfies, que alumnos, colegas y ex alumnos se disputaron por retratar.

fuente uta.cl

La emoción corrió a raudales el pasado viernes 6 en el tercer piso del Aulario C de la Universidad de Tarapacá, durante la despedida a la académica Verónica Rey Mas, tras concluir su última clase en la sala 303, por acogerse a jubilación. Al lado, la esperaban sus colegas del Departamento de Matemática, alumnos de diversas carreras y ex alumnos, todos confabulados para tributarle su agradecimiento por su entrega como profesora y ser humano.

Fue entrar a la sala y afloraron las lágrimas de su rostro, las que muchos por primera vez vieron salir de una cara siempre entregada a la enseñanza de la matemática, de mucha exigencia con sus alumnos, pero también muy justa, como se dijo en uno de los tantos testimonios para destacar su figura.

El primer testimonio fue de su colega Marlene Cisternas, registradora de la UTA; luego intervino el profesor Álvaro Pontoni, a quien siguió el rector electo Emilio Rodríguez, quien lo hizo como ex alumno; también el vicerrector académico y colega, Sebastián Lorca.

Todos no escatimaron en elogios, donde virtudes como la responsabilidad, disciplina y lealtad fueron destacadas entre los muchos atributos de quien, dijeron, estuvo 49 años en la Universidad, porque llegó como docente a la Universidad del Norte, de la que pasó a la Universidad de Tarapacá, que la sucedió.

Entremedio, se leyó una carta de una ex alumna, ingeniera que actualmente trabaja en minera La Escondida; se mostró un video con un saludo de un ex alumno que actualmente es académico en la Universidad de Concepción; y otro donde sus tres hijas abundaron en elogios y felicitaciones para su mamá. La intervención final, fue la de su esposo, el ingeniero agrónomo Ignacio Miranda.

Recibió varios bouquet de flores y abrazos por montones, junto con participar de una larga sesión de selfies, que alumnos, colegas y ex alumnos se disputaron por retratar.

Con su tradicional voz de profesora se impuso ante el auditorio para, entre sollozos por la emoción, agradecer la manifestación, sin olvidar de paso un mensaje y solicitud a los alumnos: “Chiquillos cuiden su Universidad. Yo la quiero mucho y ustedes deben saber valorarla. No hagan tonteras, ustedes saben a cuales me refiero”, dijo. Con cerrados aplausos y más abrazos y más abrazos concluyó la reunión, que tuvo como último testimonio el de su esposo, Ignacio Miranda, quien no hizo más que ratificar los valores y virtudes de esta gran maestra, que llegó de Valparaíso recién egresada de la Universidad, con su marido a Arica.

Fueron décadas de entrega diaria en las que contribuyó a la formación de generaciones de profesionales y que gracias a sus enseñanzas formaron sus proyectos de vida. Reconocimiento que no escatiman quienes fueron sus alumnos de distintas carreras y épocas, para satisfacción de quien se va satisfecha de su deber cumplido y haber realizado un buen trabajo, consecuente con la exigencia que siempre pedía a sus alumnos, que no basta con realizar determinado trabajo, sino que éste debe ser bien hecho.

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